Constanza Estrella. Docente Escuela Normal Superior de Pasto

“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.” Esta hermosa frase de José Saramago recrea la esencia vital que debemos alcanzar ya que las acciones y decisiones son los cimientos de nuestra vida, cimientos construidos y consignados en el recuerdo perpetuo para ese presente inmediato en pro de un futuro acomodado al destino deseado por nuestros nocturnos desvelos, identificando previamente el derecho inalienable de que nuestra existencia nos pertenece y no somos una hoja en bamboleo por la indescifrable ventura o desventura del viento.

Ese tipo de vidas excelsas, balsámicas, puestas en marcha por la memoria y la responsabilidad, son las que debemos mirar como espejos para aclarar nuestros propios rumbos. Vidas que han pasado por desasosiegos en busca de aquello que llamamos felicidad y en algún punto de su historia, se han topado con ella y la han abrazado con prontitud y agradecimiento como lo ha hecho nuestra querida compañera Emma Fanny Cultid; una vida consagrada a la enseñanza sin limitarse a recitar el temario acordado sino a impartir valores en un lenguaje maternal, en una actitud de recta cortesía pero con un inigualable amor.

Su experiencia docente no se mide con años, y no es justo considerarlo de esa manera, su labor se mide con todas aquellas oportunidades donde el gesto o una simple palabra despertaron el mancillado corazón o la entereza dormida de sus estudiantes. Una mujer que sabía muy bien el momento adecuado para callar como también el instante idóneo para hablar, probando que la prudencia es uno de los valores que más enriquecen la labor docente.

Notablemente su vida, como cualquier otra, camina por una senda diseñada con incontables puertas las cuales debe abrir y cerrar atendiendo siempre a su rumbo predeterminado por sus anhelos, por su ser. Sin miedo a decir adiós a su profesión de maestra, cerró esa puerta para abrir una nueva, una actitud que solo las vidas preparadas para el cambio y la transformación pueden hacerlo. Nosotros como testigos silenciosos la vemos entrar triunfante con un gran equipaje de recuerdos, tristezas, alegrías y éxitos rotulados con el nombre de su hogar, de su segunda familia: La Escuela Normal Superior de Pasto.

Sus compañeros y amigos la despedimos con un corazón expectante porque su historia continúa. Sin temor a equivocarnos podemos decir que será un capítulo lleno de bendiciones y mayores aprendizajes. Aunque solo nos queda extrañarla, es ya un valioso obsequio, porque se extraña a aquella persona que fue una luz apacible en instantes caóticos dados por la laboriosidad o el desdén que muchas veces trae el día a día.

“Profe” Fanny, ha dejado una huella invaluable en el verde panorama de nuestra Escuela Normal, en los recuerdos de sus compañeros y en el rincón más privado de muchos de los jóvenes corazones que pasaron por las aulas de clase y tuvieron la fortuna de conocerla. Para usted todo el cariño y gratitud esperando siempre que la acompañe una espléndida sonrisa