YADY GISELD CHAVES CHAMORRO

Egresada Normalista 1.991

“Escuela Normal, tu existencia pletórica de realizaciones es templo de educación      y progreso. ¡Gloria siempre!”

Estaba escrito, nuestro destino era crecer en el paso por la escuela junto a hermanos con quienes coincidimos en ese instante fugaz de vida, fortaleciendo el laso afectivo desde íntimos secretos, temores, sueños y aprendizajes. Previa preparación, un 17 de Julio de 2021 retornamos a aquel espacio mágico, nuestro eterno “segundo hogar”. Experiencias maravillosas tocan nuevamente el alma entre colores y perfumes que se inmortalizan en la casa de todos: nuestra amada Escuela Normal.

Se pudo comprobar que seguimos siendo los mismos soñadores bajo el esplendor de la luna, que continuamos en la búsqueda de las verdades de la existencia, de la misión de vida, afanosos por conservar nuestra esencia desde uno de los sentimientos más bonitos: la amistad. Similares a los inquietos normalistas actuales quienes también sueñan con un mañana, seguramente con el deseo años después de llenar sus ojos y corazones del ayer.

Así nos contemplaba “el sacro templo de ciencia y honor”, como unos niños/adultos en la lucha por acariciar grandes sueños, cada vez más cerca a la utopía, resistiendo al olvido, retando al destino en un momento límite para la humanidad.

Generosamente una Institución pletórica, magna, centenaria, nos reconoce como: EGRESADOS NORMALISTAS ILUSTRES, lo cual nos compromete a continuar en el ejercicio de los principios y valores con los que fuimos formados desde la infancia.

Fue una tarde de indescriptibles emociones que inició con la bendición de nuestra patrona la Virgen de Fátima, seguida de una Eucaristía de acción de gracias, la proclamación de Egresados Ilustres con participación presencial y virtual de más de 50 compañeros de la promoción 1.991 que culminó con la entrega de placa de HONOR y GLORIA a la Escuela Normal junto al merecido reconocimiento a los maestros de maestros que inspiraron una vida de virtud desde la Pedagogía, su presencia en el evento y sus sabias palabras volvieron a tocar fibras sensibles de nuestra alma.

Laboriosamente un equipo organizador garantizó una ceremonia solemne, cargada de simbologías y significados. Así comprobamos que en manada somos más fuertes, pero especialmente, que lo que hicieron de nosotros en la “Normal Nacional” nos ha servido para seguir siendo estrellas de luz tenue con posibilidad de brillar cada uno a su manera. Juntos de corazón, aunque conservando el distanciamiento social, pudimos confirmar que la vida nos llevó por caminos distintos, pero en una misma dirección: ¡EL AMOR!

Gracias Escuela Normal Superior de Pasto, por continuar altiva y noble en su loable misión de “educar maestros para una sociedad en marcha”. Siendo orgullosamente parte de la gran familia normalista, seguiremos apostándole a un servicio de alta calidad con calidez humana, para la transformación de realidades y contextos desde la educación.